Ayer a la noche, Arturo Pérez-Reverte presentó su novela ante las más de quinientas personas que se acercaron a la Sala José Hernández de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires para escucharlo.

En una charla distendida, íntima y, por sobre todas las cosas, seductora con el periodista Jorge Fernández Díaz, el escritor español no se guardó de nada. Sin vueltas y sin tapujos, la conversación tendió un puente entre la realidad y la literatura abordando un abanico de temas que incluyó las mujeres, el cine, la amistad, los escritores, la experiencia de la guerra y, por supuesto, la escritura de Hombres Buenos  y lo temas que esta, su última novela y motivo de su visita a Buenos Aires, aborda.

Arturo Pérez Reverte se reconoce como un novelista áspero con la condición humana; y sostiene que su material para escribir son, lo que él mismo denomina,  las zonas grises. Un lugar en el que hombre es bestia y héroe a la vez. Sin embargo, nos cuenta,  Hombres Buenos representó para él “un esfuerzo de compasión y de bondad” y también “un intento de ser mejor persona” para comprender tanto a sus personajes como a la época  -el Siglo XVIII- en la que transcurre la novela. Pérez-Reverte habla apasionadamente de la trama y sus temas, de sus personajes y también habla de otras cosas. Ramifica la conversación, la lleva por otros carriles al punto de volverse a su interlocutor para decirle “Pues me he olvidado cuál era la pregunta” aunque al fin de cuentas la pregunta no importe demasiado y el público siga el derrotero de la charla hipnotizado.  El autor de best-sellers español instruyó y deleitó a su público durante más de una hora con la energía, vitalidad, claridad y, por qué no, incorrección que lo caracteriza a la hora de hablar.

“La guerra me hizo, el mar me maduró y los libros siempre han sido el nexo entre todo” dijo Arturo Pérez-Reverte ya cerca del final de la charla. Y los libros implican tanto en la realidad como hacia el interior de Hombres Buenos la salvación de la humanidad. La cultura es lo que une a sus dos personajes, Hermógenes Molina y a Pedro Zárate -uno bibliotecario, el otro almirante-, que son los representantes de dos maneras de entender la vida pero que pueden dialogar, emprender una aventura y convertirse en grandes amigos porque comparten ese territorio común.

La cultura es también, para el padre de estos dos (¡y de tantos otros!) aventureros, la salvación de cualquier grieta, por honda que sea. Del mismo modo, el inicio de cada nueva novela es para él como pelear. Pérez-Reverte sostiene que la batalla rejuvenece, no porque tenga aires de Dorian Gray. Se refiere a un rejuvenecimiento que habla de lucidez, de atención, de perspicacia y que perdura hasta que la escritura de dicha novela se termina. Por lo tanto, solo  la escritura de más novelas lo puede mantener.Éstas serán, sin dudas, las que leeremos en los próximos años y que, si tenemos suerte, nos honrarán con la visita de su autor en próximas ediciones de la Feria del Libro.

Cerca de las ocho de la noche, cuando ya todos los presentes tenían una enorme sonrisa impresa en la cara, el evento continuó en nuestro stand donde Arturo Pérez-Reverte firmó ejemplares durante más de dos horas y media.