El viernes pasado, el escritor español presentó su última novela sin ficción (sic) en la Feria Internacional del Libro acompañado por la periodista y escritora Hinde Pomeraniec, quien leyó el texto -que aquí compartimos- para introducir a Javier Cercas a la audiencia allí presente.

Cómo nos convertimos en lectores de Cercas.

Permítanme comenzar con una experiencia personal o más bien colectiva que podría titularse “Cómo nos convertimos en lectores de Javier Cercas”. Hace varios años, durante un verano en Valeria del Mar, leímos Soldados de Salamina, una novela en la que dos enemigos se encuentran y uno de ellos decide perdonarle la vida al otro, cambiando así un destino signado por la historia. Y cuando digo leímos lo hago de manera literal: en mi casa los buenos libros, los especiales, los libros que no son como todos los otros libros, pasan de mano en mano, entre las nuestras desde siempre y, a medida que van creciendo, también entre las de mis hijos. Recomendé y regalé muchos ejemplares de Soldados de Salamina, con el entusiasmo y el énfasis que despiertan pocos títulos. Su trabajo con la novela y con la historia, cuyos límites tensa hasta lo imposible, sus reflexiones acerca de la figura del héroe, convirtieron a Cercas desde entonces para mí, para nosotros, en un nombre, también literalmente, familiar.
Años después lo hizo de nuevo, cuando nos conmovió  con Anatomía de un instante, una relectura delicada y potente del Tejerazo, aquel fallido intento de golpe de Estado que el 23 de febrero de 1981 puso por unas horas a la incipiente democracia española contra las cuerdas. Un libro en donde, a partir de una foto, Cercas realiza la disección de la Transición española, ese proceso que llevó a su país a pasar de la dictadura a la democracia bajo un pacto de civilidad y desarrollo político que contempló, también, dejar enterrados a los muertos ahí donde habían quedado durante la Guerra Civil. O, como señala Cercas, ese tiempo en el que “todos o casi todos los partidos políticos y todos o casi todos los españoles eligieron no hacer del todo justicia a cambio de construir una democracia”. Ese día, solamente tres personas no hicieron caso a la orden de arrojarse al suelo que lanzó el militar Antonio Tejero en el Congreso: el presidente de gobierno Adolfo Suárez, su vicepresidente Gutiérrez Mellado –un militar- y el viejo líder comunista Santiago Carrillo. Suárez, quien había llegado a su puesto como colaborador leal del franquismo, acababa de renunciar luego de perder el apoyo de su bancada por un acuerdo con los comunistas, que también había supuesto para el líder de izquierda la renuncia a principios básicos del leninismo con el objetivo de aportar a la Transición. Tomando un concepto del alemán Hans Magnus Enzensberger, Cercas llama a estos personajes “héroes de la retirada” y describe así un tipo de heroicidad marcado por la renuncia y la demolición. Renuncia y demolición de viejos principios en pos de un objetivo superior, una heroicidad cuya dimensión moral supera la deslealtad a aquellos viejos principios.

Como lectores de Cercas, ahora nos llegó el turno de incorporarnos a El impostor, otro episodio histórico narrado con técnicas de ficción y documentado con furor. “Una novela de no ficción”, dice su autor. Una novela en la cual, con su particular estilo vaivén que acerca y aleja los episodios y las conclusiones a lo largo del texto, Cercas reconstruye la historia de Enric Marco, un pícaro mecánico de autos que le mintió a todo un país por décadas, haciéndose pasar por una figura de la resistencia antifranquista y una víctima de los campos de concentración nazis por los que pasaron 9 mil españoles. A la salida del franquismo, Marco llegó a ser secretario general de la CNT, el tercer sindicato más poderoso de España, más tarde fue dirigente de FAPAC, una asociación de padres de alumnos y años después consiguió convertirse en el presidente de la Amical de Mauthausen, una asociación de sobrevivientes en cuyo nombre dio charlas en escuelas y conferencias por todo el país y por la cual representó a los deportados españoles en todo el mundo. Es decir, durante décadas, Enric Marco fue un modelo de héroe para la sociedad española. Su mentira se deshojó a partir de la investigación de un oscuro historiador, Benito Bermejo, que desde hacía tiempo sospechaba del personaje. Bermejo dio a conocer la verdad hace exactamente diez años, pocos meses después de que Marco hablara ante el Congreso el día de la memoria del Holocausto y pocos días antes de que el mismo Enric Marco, en nombre de los deportados españoles, representara al país junto al entonces presidente Rodríguez Zapatero en los homenajes por los 60 años de la liberación del campo de concentración de Mauthausen.

Tomaré prestadas imágenes de la novela de Cercas para describir a Marco como un maestro de la manipulación, una ficción ambulante, el Maradona de la impostura, un crack. El puto amo. Un mentiroso magistral. Uno como nosotros, uno que siempre dijo sí. Un emblema, un espejo de las mayorías. Marco, el que nació en un manicomio donde estaba internada su madre. El que a los 50 años, como Alonso Quijano, eligió cambiar de vida.

Marco, dice Cercas, “se inventó un pasado en el momento en que alrededor de él, en España, casi todo el mundo estaba adornando o maquillando su pasado o inventándoselo; Marco reinventó su vida en un momento en el que el país entero estaba reinventándose”.

Cito: “…lo verdaderamente asombroso era su absoluta normalidad. Si lo mirásemos con una lente de aumento, este hombre representa lo que todos somos: unos mentirosos, en mayor o menor medida. Un hombre que busca ser admirado, que le consideren un héroe. No quiere conformarse con la pobre realidad que vivimos… busca construirse a sí mismo, como si fuese un novelista de su propia vida, de su propio pasado”.

 

Ahora bien, me gustaría no confundirlos: El impostor no es una biografía de Enric Marco; tampoco es la autobiografía de un autor y sus dilemas éticos y literarios durante el proceso de escritura de una biografía; no es un ensayo sobre la novela como género ni una crónica de algunos episodios clave de la Transición o de la Guerra Civil. O, mejor, tal vez El impostor sea muchos libros, uno por cada una de estas ideas y todo eso al mismo tiempo.

“El Impostor”, la novela “El impostor” que hoy tengo el gusto de presentar junto a su autor, es un libro que comienza con una frase íntima, desesperada, que resuena como un látigo. Un libro que toma de los pelos al lector a partir de esa frase y hasta el final sin soltarlo ni un segundo.

“Yo no quería escribir este libro”, son sus primeras palabras.


 

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